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Gaza, mar sin pescado

El rígido control israelí de las fronteras marítimas dificulta el trabajo de los pescadores de la Franja
"Somos los más pobres de Gaza; quizás incluso deberíamos cerrar el puerto", se lamenta un pescador

La costa de Gaza estuvo agitada en los últimos días. Hubo tormenta casi cada noche, y más o menos a la altura de Deir el Balah apareció en la playa una boya gigantesca de metal oxidado que empezó a atraer la atención de los niños y de cualquiera que pasara por la carretera.

"¡Viene de Egipto!". Es decir, viene del mundo exterior. Tiene que venir de allí, según la dirección de la corriente marina, porque aquí no hay cosas de éstas. En Gaza capital no hay más puerto que un malecón, con su rompeolas, al abrigo del cual flotan unas pobres barcas de pescadores. Es una triste costa en invierno, sin movimiento, sin nada que hacer salvo, en el caso de los chavales de esta ciudad apretada y aturdida, vagar por entre las rocas y conspirar alguna malicia, porque tampoco tienen adónde ir. Los que aquí disponen de algún dinero toman café (no se sirve alcohol en los establecimientos públicos) y fuman narguiles en las terrazas de los hoteles que tapan la vista desde la avenida Al Rashid.

-Hoy tengo pescado - anuncia el camarero desde lejos, antes de entregar el menú-. ¡Venga! Es un pescado delicioso y bien mediterráneo, a la parrilla con aceite y limón. Y pequeño, porque es de Gaza.

Por raro que parezca, en esta franja costera, estrechada entre el mar y la frontera israelí, el pescado no abunda y es caro. Hay que echar un vistazo a los mercados, por ejemplo el del campo de refugiados llamado en inglés Beach Camp, pegado a la ciudad de Gaza (cada pueblo o ciudad en la Franja tiene uno). Desde que los colonos israelíes fueron evacuados, hace un año, han empezado a levantar - pues antes estaba prohibido- edificios de más de tres plantas, de puro cemento sin revoco.

Hay en este mercado fruta y verdura, pasta italiana, zapatos chinos, sacos de trigo donados por Suiza a través de la ONU, leche en polvo caducada de la misma procedencia (la leche fresca no existe) y aceite de la Unión Europea. Algunos de estos artículos no deberían estar a la venta, pero así es. La carne, de vacuno, es artículo de lujo, a 40 shekels el kilo (la moneda israelí, no hay otra vigente), equivalentes a 7,26 euros. Y el pescado, casi al mismo precio, es ¡congelado!

Todo procede de Israel, salvo el pollo, que cuesta unos diez shekels el kilo, muy caro para quien cobra 200 shekels (36,32 euros), y unos pescaditos de costa que se venden a 20 shekels. El único pez grande es un tiburón pequeño, un cazón, que se vende a 30 shekels.

No se puede decir que haya mucha animación. El señor Rafiq Zugbur, que vende tejidos, se sienta a la puerta de su tienda con profética paciencia.

- Nadie viene a comprar, nadie tiene dinero. Los funcionarios no cobran, los pescadores, menos...

Las condiciones, algunas de ellas causadas por la retirada israelí de la franja de Gaza, son así. En Gaza no se produce mucho más allá de los productos de huerta, y todos los alimentos proceden de Israel. Pero no se permite el paso, a cambio, de ningún tomate palestino por el puesto fronterizo de Karni.

En la playa, un grupo de pescadores se cobija entre unos toldos raídos y unas alfombras extendidas sobre la arena. Sirven el té en vasitos que colocan entre sus pies descalzos, grandes y callosos.

- Nosotros somos los más pobres de Gaza. Quizá incluso deberíamos cerrar el puerto.

En lontananza se divisa el barco patrullero israelí. "El verano pasado, durante la ofensiva, por la captura del soldado Guilad Shalit por tres grupos palestinos - explican- nos dispararon. Les dieron a las barcas y a nuestras casas. Nos prohibieron ir a pescar, pero salíamos hasta cuatro millas de la costa". La retirada israelí de Gaza - que fue una decisión unilateral, no pactada con la Autoridad Nacional Palestina- implica que Israel conserva el control de las fronteras terrestres, aéreas (el aeropuerto fue destruido) y marítimas, a fin de evitar el contrabando de armas. Así que en Gaza no existe libre acceso al mar.

- ¡Oslo, Oslo tiene la culpa! ¡Y la Autoridad Nacional Palestina!

No todo es resultado de la retirada unilateral israelí y del bloqueo consiguiente. Según los acuerdos de Oslo de 1993 entre la OLP de Yasir Arafat y el gobierno israelí, los pescadores no pueden alejarse más de 37 kilómetros de la costa. "Además - recalcan los pescadores- los militares hacen lo que quieren; nos limitaron a un triángulo (alguien lo dibuja en la arena) con doce millas como máximo (en el vértice)". Toda violación es juzgada por los tribunales militares en la vecina Ashkelon (Israel) y penada con cárcel, multas - dicen- de hasta 50.000 shekels y confiscación de las barcas.

- Tenemos dos metros cuadrados cada uno para pescar, siempre en el mismo sitio. Y somos cuatro mil pescadores en Gaza. ¡Ya ve por qué el pescado es pequeño!

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