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Autoria: Joaquim Ibarz - Mèxic. Corresponsal Publicat a: La Vanguardia Data: 01/09/2007 Secció: Internacional Gènere: Crònica |
"Todos somos Elvira", gritan los manifestantes en las marchas que se celebran en ambos lados de la frontera mexicano-estadounidense en apoyo de Elvira Arellano, deportada por Washington tras permanecer refugiada durante más de un año en una iglesia de Chicago para evitar que la separasen de su hijo Saúl. Los padres mexicanos de unos 800.000 niños nacidos en EE. UU. están amenazados de ser expulsados a su país.
Elvira, madre soltera de 32 años, se ha convertido en símbolo del movimiento por la legalización de los sin papeles en Estados Unidos. Arrestada el 19 de agosto por las autoridades federales en Los Ángeles (ciudad a la que había ido para promover una reforma de las leyes migratorias estadounidenses), impulsa ahora desde su México natal el apoyo a los indocumentados. La activista perdió una batalla pero su liderazgo crece como heroína de los latinos en situación ilegal.
Menos de 24 horas después de su expulsión, Elvira se reunió en Tijuana, al otro lado de la frontera, con una decena de activistas para planificar sus próximos pasos. "Tengo la determinación de seguir luchando y voy a seguir luchando", dijo. La repatriación de Arellano provocó la indignación entre las divididas organizaciones de activistas, lo que llevó a unificar criterios y a presentar un frente común.
En muchos sentidos, la historia de Elvira es representativa de los 12 millones de indocumentados mexicanos que viven en EE. UU. En 1997, partió de Maravatío, Michoacán, donde como secretaria ganaba el equivalente a 25 euros semanales. Empleada durante un año en una fábrica de Reynosa, junto a McAllen (Texas), tenía un sueldo de 60 dólares semanales.
Más tarde, Elvira vivió tres años en Yakima, Washington; trabajó en una lavandería, cuidó niños y tuvo su hijo. En 2000 fue a Chicago, donde ganaba seis euros a la hora en la limpieza de aviones, hasta que en 2002 fue detenida por la policía por usar un número falso de Seguro Social. Para evitar la deportación, el 15 de agosto de 2006 se refugió en una iglesia metodista. A mediados de agosto, abandonó el templo para explicar su caso durante una gira por EE. UU. Una vez detenida en Los Ángeles, fue repatriada de inmediato. Su hijo Saúl, que no puede ser deportado por haber nacido en EE. UU., permanece en Chicago a cargo de una amiga. En México, Elvira comenzó una campaña por la legalización de los indocumentados en EE. UU. y contra las medidas que provocan la separación de muchas familias. Los agentes de inmigración han repatriado a 149.376 mexicanos entre el 1 de octubre del 2006 y el 18 de junio del 2007 con redadas en casas, oficinas y fábricas. La cifra es casi igual a la de todo el año pasado. Unos 500.000 mexicanos cada año emigran a EE. UU.
"Todos somos Elvira", es la frase que desde la deportación de Arellano utilizan en sus marchas los grupos que abogan por los derechos de los latinos en EE. UU., muchos de los cuales trabajan bajo la permanente amenaza de la expulsión. Más de 40 organizaciones que apoyan a la deportada han convocado marchas para el 12 de septiembre en varias ciudades de EE. UU. y en Tijuana (México) para exigir una reforma migratoria. Ese día, su hijo Saúl participará en la marcha en Washington, frente al Capitolio.
La joven madre jamás imaginó que se convertiría en símbolo de lucha. "Ya que lo soy, espero ayudar para que se cambie esa fama de criminales que nos han puesto a los indocumentados. Lo más importante es llevar el mensaje de que no nos miren como terroristas sino como lo que somos: seres humanos que no encontramos oportunidades en nuestro país y que tuvimos que ir a buscar la vida en otro lugar", declara Elvira a La Vanguardia.
"Cuando en 1997 entré a EE. UU., sin papeles, sabía que me arriesgaba, pero no pensé vivir esta situación. Ahora, espero que mi caso traiga luz sobre lo que pasa con muchas familias de inmigrantes que son separadas a la fuerza. No pido regresar a EE. UU. Ya hice todo lo que pude y ahora estoy contenta en México, que es mi país, aquí me voy a quedar con mi hijo, no voy a regresar ilegal a Estados Unidos", agregó.
Elvira fue recibida el pasado martes por el presidente Felipe Calderón, quien le dio pleno apoyo y, al parecer, ayudará a que su hijo Saúl pueda estudiar en México. La activista llegó a la residencia de Los Pinos con una expresión tan triste que parecía que lloraba en seco. Más alegre estaba cuando al día siguiente visitó su pueblo, Maravatío, donde familiares y paisanos la recibieron como estandarte de los indocumentados.
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