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Autoria: Maricel Chavarría - Barcelona Publicat a: La Vanguardia Data: 19/04/2008 Secció: Ciudadanos Gènere: Entrevista |
Dar un enfoque científico a la lucha contra la violencia machista. Éste es uno de los objetivos del nuevo delegado del Gobierno para la Violencia de Género, el médico forense Miguel Lorente (Serón, Almería, 1962). Autor del muy citado "Mi marido me pega lo normal" y de "Anatomía del maltratador", Lorente es, además, experto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en temas de violencia y agresión a mujeres. Desde la dirección de Asistencia Jurídica a Víctimas de Violencia de la Junta de Andalucía, cargo que abandona ahora para formar parte del Gobierno de Madrid, ha puesto de relieve la necesidad de sensibilizar a la opinión pública sobre esta violencia y de aumentar las políticas dirigidas al agresor, sin descuidar la atención a las víctimas.
-Fíjese, es noticia que un hombre dirija la lucha contra la violencia machista. ¿Qué cree uste que puede aportar a su cargo siendo varón?
Es un elemento simbólico importante porque la violencia machista está envuelta en referentes simbólicos que se han utilizado para justificar esas conductas. Que yo sea hombre contrarestará ese simbolismo porque romperá con la idea de que ése es un problema de mujeres, o peor aún, provocado por las mujeres. Y además cuestionará esa identidad masculina basada en la seguridad, la distancia, la rigidez, la protección...
-Será usted el primero en hablar de la masculinidad desde el Gobierno.
Es que otra masculinidad es posible. Y además, necesaria. La masculinidad es hoy un modelo agotado en muchos aspectos, no sólo como identidad, sino en la forma de plasmarla en la sociedad. Hay que llegar a un respeto, a la renuncia de los privilegios. Y construir las relaciones y la sociedad desde la consideración y el consenso.
-Y su palabra, al ser la de un hombre, ¿tendrá más autoridad?
Objetivamente, ocurre que el discurso tiene más autoridad cuando lo dice un hombre. Lo he experimentado. Ante algunas audiencias en las que se había increpado a compañeras y en las que pensé que se me iban a comer, a mí no me levantaron la voz. Es porque ha habido una interpretación interesada de lo que sucede para entender que eso no es tanto una búsqueda de un beneficio social sino de privilegios por parte de las mujeres. Y ese mensaje se sigue mandando: hablar de "gobierno rosa" y de "paridad" da a entender que no se reconoce a esas mujeres y que si no fueran mujeres no estarían ahí. Es el significado que da esa gente a las políticas de igualdad. Las mujeres, como siempre se ha dicho, son consideradas manipuladoras, personas que consiguen yendo por detrás lo que los machos hacen de cara. Lo cual refleja que hay mucho por hacer.
-¿Ha intercambiado impresiones con la ministra de Igualdad?
Sólo nos saludamos en su toma de posesión, pero hemos hablado por teléfono y hay una sintonía total. Me encanta su actitud y sus ideas claras, aunque aún no nos hemos sentado a hablar de proyectos. El tema "hombres" será uno de ellos, claro.
-¿Y la educación y los roles de género aprendidos?
Me gustaría que estuviera también en la agenda de prioridades. Si los chavales ven que la violencia les da una rentabilidad dentro del grupo, la pondrán en práctica con un vagabundo, con un inmigrante, con una niña, con una chica. Lo van a hacer siempre.
-¿Cómo valora el trabajo de la anterior legislatura?
Se han sentado las bases como cuando se levanta un edificio sabiendo que tendrá que ser muy alto. han desarrollado planes de sensibilización y prevención, han establecido indicadores...
-Y usted apuesta por un enfoque científico.
Sí. Me gustaría darle un enfoque muy científico porque es la forma de romper mitos y para que muchas medidas que pueden resultar polémicas se entienda que tienen una justificación basada en la medicina. Es muy fácil criticar y rechazar. Y por desgracia, la amenaza de la muerte está ahí, de modo que si pones medidas a medio o largo plazo y ocurre alguna muerte, te echan la caballería por encima. El impacto emocional y social es profundo, pero las políticas tienen que ir dirigidas a acabar con esa violencia.
-¿Cómo irrumpió usted, hace 20 años, en la investigación de la violencia machista?
Como forense. Era muy joven cuando me sorprendió el modo en que las mujeres que sufrían verdaderas palizas no venían exigiendo una restitución ni castigo para el maltratador, sino que le justificaban: mi marido es muy bueno, es buen padre, pero tiene prontos... Sólo querían que un juez o un forense, alguien con autoridad le advirtiera de que no debía volver a hacerlo. Eso no me cuadraba. A los dos días veías que ya sonreían, le habían perdonado. Típico de la fase de luna de miel. Ver que eso no estaba en los libros me estimuló a llevar una investigación sobre el síndrome de agresión a la mujer. Esto es, en las tres dimensiones en las que se relaciona una persona: el maltrato en la pareja, el acoso en lo laboral y la agresión sexual en lo social. Empezaron a llamarme desde asociaciones de mujeres y centros de estudios de la mujer.
-Y ¿cómo reaccionó la sociedad a su alrededor?
Me sentí solo e incomprendido. Rechazado. Algunos hombres me llamaban traidor. Esta ha sido una materia considerada secundaria en la Universidad respecto a otras investigaciones, pero poco a poco eso ha ido cambiando.
-¿Su familia se preocupó?
Mi padre es médico, muy científico, el único médico de familia que es miembro de la Real Academia de la Medicina desde hace un par de años. Es muy inquieto y me animó.
-¿Cómo interpreta que en este país se haya preguntado a la opinión pública si está a favor o en contra de que una mujer sea ministra de Defensa?
El elemento cultural "mujer" se sigue entendiendo aquí como algo que puede ser cuestionado en sí mismo, en su propia esencia. Partiendo del contexto cultural, aquí ya no puede plantearse un debate en eso, no es como preguntar en un país árabe qué le parece que la ministra de cultura no lleve velo. No hay argumento en sí. De manera que el contraargumento es: ¿acaso no la voy a poder criticar por ser mujer y estar embarazada? Utilizan lo mismo para defender sus tesis.
Enlace a la entrevista (Sólo disponible para suscriptores de La Vanguardia)

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