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Autoria: Mercè Beltran - Barcelona Publicat a: La Vanguardia Data: 17/09/2007 Secció: Societat Gènere: Notícia |
No hay choque de civilizaciones, por mucho que Samuel P. Huntington lo teorice. Lo que sí hay son conflictos de intereses, y de lo que se trata es de establecer pactos entre Oriente y Occidente para poder seguir avanzando.
Los sociólogos, que son los encargados de entender y explicar la civilización, así lo aseveran. Poco más de 1.200 especialistas en la materia han debatido sobre globalización, desigualdad y multiculturalidad en el IX congreso español de sociología, que durante tres días se ha celebrado en Barcelona y el sábado cerró sus puertas.
Ya en la sesión inaugural, Salvador Giner, catedrático de Sociología de la Universitat de Barcelona y presidente del Institut d´Estudis Catalans (IEC), aseguró que "la expresión choque de civilizaciones está preñada de sensacionalismo, aunque la haya engendrado un académico de respetable ejecutoria". Giner sostiene que los conflictos no son entre culturas o entre concepciones del mundo, sino entre "sociedades específicas y, también, entre hombres de carne y hueso, en su combate por el dominio de unos sobre otros" que luchan por el reparto de los bienes; por imponer su modo de entender la vida "o por hacer valer sus dioses propios, sus intereses imaginados o reales, su lengua y lenguaje".
Yen ese intento de dominio se establecen dos planos distintos de análisis. El global, en el que hay una tendencia hacia la homogeneización, y el local, donde lo heterogéneo gana terreno. "El gran reto está a nivel local, porque es mucho más difícil de gestionar", dice Oriol Homs, presidente de la Associació Catalana de Sociologia. Argumenta que existe un consenso respecto a los grandes valores o tendencias, nadie discute el significado de paz, solidaridad o convivencia, aunque no se respeten, y que los sistemas de organización, desde un punto de vista global, son también muy similares.
Sin embargo, explica Homs, desde una perspectiva local la gobernabilidad se complica mucho más porque lo heterogéneo es lo que domina, de ahí que se tenga que hacer un esfuerzo superior para buscar fórmulas de convivencia que respeten las diferencias.
Algunas teorías sostienen que en cinco años actuales vivimos lo mismo que vivieron nuestros abuelos en 100 años. Tal vez no sea ésta una relación exacta, pero lo que sí aseveran los sociólogos es que se queman etapas a una velocidad de vértigo. "Las sociedades emergentes son las que más rápidamente lo hacen. Ylo que ahora es un conflicto en 20 años ya no lo será", explica Homs. Así, no es descartable que los problemas que ocasiona el fundamentalismo, por ejemplo, ya no existan dentro de un tiempo relativamente corto, nada que ver si se compara con el de la duración de las Cruzadas.
Y otra constatación: es a Occidente a quien más le toca trabajar para entenderse con otras civilizaciones. "Debe dejar espacio para tener una relación más integrada con otras civilizaciones, olvidar su posición de predominio. O convivimos y pactamos o el entendimiento será muy complicado", añade Homs.
Las múltiples caras de la globalización afloraron en los debates de los sociólogos. Asuntos como las migraciones internacionales; la emergencia de nuevos centros de influencia internacional y, en este contexto, la redefinición del papel de los estados, los intercambios entre culturas diversas y los problemas derivados de la convivencia entre ellas o el papel que la religión puede desempeñar en todo ello, se abordaron en las más de 1.100 ponencias y abordadas por los 34 grupos de trabajo que se constituyeron. Los debates, intensos y ricos, no han concluido. Pese a la rapidez con la que todo sucede, aún queda mucho por comprender.
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