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Autoria: Antonio Cerrillo - Barcelona Publicat a: La Vanguardia Data: 13/09/2007 Secció: Societat Gènere: Article |

- Abusar de la ingestión de carne no es bueno. Ni para la salud del hombre ni para la del planeta. El consumo de carne debería recortarse, de media, un 10% para frenar las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero generadas en el sector ganadero. De esta manera, con este recorte se protegería el clima y se evitarían muchas enfermedades ligadas a la sobrealimentación.
Esta es la principal conclusión de un estudio internacional dirigido desde la Universidad Nacional de Australia en Canberra presentado ayer en Londres en un simposio organizado por la revista médica The Lancet.Los autores de la investigación recuerdan que un 18% de las emisiones globales de gases relacionados con el calentamiento terrestre proceden del sector ganadero.
El estiércol, la fermentación gástrica e intestinal de los rumiantes o la deforestación para crear pastos son los principales focos de los gases que calientan la atmósfera procedentes del sector ganadero, sin olvidar los óxidos nitrosos producidos por los fertilizantes nitrogenados usados para obtener pienso o los combustibles usados en las granjas. Mientras tanto, y como una gran paradoja, la sobrealimentación (vinculada, a veces, a los malos hábitos alimentarios) en el mundo desarrollado está generando problemas de obesidad y otras enfermedades. Por eso, reducir el consumo de carne roja ayudaría no sólo al objetivo mundial de estabilizar el clima, sino que comportaría grandes beneficios para la salud.
El consumo medio actual de carne es de 100 gramos por persona y día (aunque hay grandes disparidades geográficas y sociales, pues en el mundo desarrollado se alcanzan los 224 gramos por persona y día). En este sentido, el informe propone reducir el consumo de carne a 90 gramos al día, sin que se rebase los 50 gramos de carne roja de rumiantes (vacuno, oveja, cabra...).
De hecho, la producción ganadera experimenta un ritmo creciente de emisiones a la atmósfera. Sumadas a las del resto del sector agrario, suponen ya el 22% de los gases invernadero, por lo que su cuota es similar a la de la industria e incluso superior a las del transporte.
La ganadería aporta el 9% de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO ) y entre 2 el 35% y el 40% del metano, un gas que tiene un potencial para calentar la atmósfera 20 veces superior al CO . Además, representa el 2 65% de los óxidos nitrosos.
Todo esto ocurre mientras la economía ganadera está creciendo más rápidamente que otros subsectores agrícolas, hasta ocasionar fuerte impactos sobre el medio ambiente y el clima. La producción de carne anual mundial se duplicará (si no hay cambios de tendencia) desde los 229 millones de toneladas en el período 1999-2001 a los 465 millones de toneladas en el 2050, mientras que el rendimiento de la leche pasará de casi 580 millones de toneladas a 1.043 millones de toneladas. Cada vez se utilizan más tierras en todo el mundo para obtener proteínas con las que alimentar el ganado y los animales de granja.
El enorme desarrollo del sector agrícola y ganadero (catapultado por el uso de fertilizantes, regadíos, la ingeniería genética o la globalización) ha mejorado la situación alimentaria (aunque unos 850 millones de personas permanecen infraalimentadas).
Sin embargo, muchas veces la creciente producción comporta un desequilibrio en la dieta diaria, como se manifiesta en la epidemia de obesidad. Comemos alimentos densamente energéticos, en lugar de cereales, legumbres y otras fuente de fibra. La proporción de calorías de las proteínas no ha cambiado (ronda el 12%); pero se ha producido un incremento en la disponibilidad de proteínas animales, especialmente pollo, mientras que el consumo de carnes rojas se dispara especialmente en China o Brasil.
El resultado de este aumento de carne y grasa es que algunos países deben hacer frente al incremento de los casos de obesidad y a las enfermedades crónicas (como diabetes de tipo 2, enfermedades coronarias, determinados cánceres...).
Ante este panorama, los autores del estudio estiman que una disminución del consumo de productos animales en las naciones ricas, en combinación con un aumento en el caso de las poblaciones que comen poca carne, no sólo no comportaría riesgo para la salud (aunque se debe tener precaución con las deficiencias de hierro. sobre todo en mujeres o atletas). Al contrario; se obtendrían notables beneficios en la población que comen más carne de la cuenta.
La factura sanitaria se beneficiaría de una dieta más equilibrada. Se estima que el riesgo de sufrir cáncer de colon reduce un tercio por cada reducción de100 gramos al día en el consumo de carne roja, mientras que no abusar de la carne disminuye también el riesgo de cánceres, incluido el de mama. Además, se ha demostrado que comer demasiada carne roja y productos hechos de estas carnes incrementa el riesgo de enfermedades coronarias. En cambio, entre la población vegetariana hay menos incidencia de estas dolencias.
Los expertos admiten que su propuesta puede chocar con las preferencias y los hábitos alimentarios de los consumidores, pero arguyen que los "desafíos sin precedentes del cambio climático exigen respuestas radicales". Consideran que se tiene que actuar con la misma determinación que se requiere para hacer frente a los gases de otros sectores (generación eléctrica, industria o transporte), sobre todo teniendo en cuenta el gran potencial de calentamiento que tiene el metano.
Otras soluciones son recortar las emisiones por unidad de producción ganadera (producir un pienso que provoque menos metano, incrementar proporcionalmente el consumo de pollo o aprovechar el metano del estiércol como biogás) o eliminar los subsidios a la alimentación animal (maíz y soja).
LOS POLLOS GENERAN MENOS GASES
El ganado vacuno, y en menor medida los pequeños rumiantes (ovejas y cabras) y los cerdos, son los sectores de la cabaña ganadera que más emisiones de gases de efecto invernadero producen. Por el contrario, camellos, pollos y caballos son los animales que menos toneladas de gases generan.
De hecho, el vacuno supone el 60% de las emisiones de dióxido de carbono del sector ganadero, y aporta 80% del metano ya sea por fermentación en su aparato digestivo o por el estiércol. Niveles igualmente altos de estos gases son generados por ovejas y cabras. Por eso, los expertos proponen ir prescindiendo de los rumiantes por animales de un solo estómago, y por pescado criado en piscifactorías.
Enlace al artículo (Sólo disponible para suscriptores de La Vanguardia)

Sugerimos investigar sobre el agua virtual para, a partir de este artículo, indicar las razones por las que es necesario reflexionar sobre el consumo de carne y elaborar una dieta razonable. El grafico "proteínas y cambio climático" que acompaña el artículo puede servir de modelo para diseñar y elaborar otro que relacione el agua virtual con el consumo de carne. La revista, la web o el vestíbulo del centro pueden ser un buen lugar para comunicar el trabajo realizado.
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