|
|
||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
Autoria: Antonio Cerrillo - Barcelona Publicat a: La Vanguardia Data: 09/09/2007 Secció: Societat Gènere: Reportatge |
Las exploraciones del Polo Norte nacieron sobre todo de la necesidad de completar el mapa inacabado de las islas, las montañas y las rutas marinas más septentrionales que han obsesionado al hombre en su búsqueda de los confines del planeta. Hoy, las investigación científica en esta zona busca no sólo comprobar la geografía helada menguante del Ártico que delata el calentamiento atribuido al hombre. También persigue desentrañar los secretos de los fondos submarinos polares. Allí reposan las huellas y los testigos de los cambios climáticos naturales anteriores. Esas pruebas, dormidas en un sueño milenario, nos permiten conocer aquel clima para tomar mejor la temperatura al planeta y curar su fiebre.
Rastrear y documentar esas pruebas de los cambios climáticos naturales en el subsuelo del Polo Norte ha sido el objetivo central de la expedición Svais, efectuada por el buque de investigaciones oceanográficas Hespérides,una de las contribuciones españolas al año Polar Internacional. El equipo ha cartografiado más de 8.600 kilómetros cuadrados de profundidades marinas poco conocidas hasta ahora al sudoeste de la islas Svalbard, al norte de Noruega, una tierra de tradición ballenera escenario mítico de las antiguas sagas noruegas. Además, han recogido 31 metros de testigos de sedimentos oceánicos de los fondos árticos, y sus tripulantes han navegado unas 3.345 millas náuticas - más de 6.000 km- en una luz perpetua entre el 29 de julio y el 17 de agosto.
La expedición ha sido no tanto un viaje a una terra incognita cuanto un viaje en el tiempo, enmarcado en el objetivo de reconstruir los cambios climáticos naturales en el Ártico, donde hace tres millones de años se iniciaron los periodos cíclicos glaciares (hielos perpetuos) e interglaciares que han modelado nuestro clima actual.
"Cambios climáticos se han producido siempre; el problema es que el hombre está afectando ahora al sistema climático. Lo que no sabemos es cuál será la respuesta del planeta ante una intervención tan rápida como la provocada por la emisiones de CO y metano a la atmósfera", dice Angelo
2 Camerlenghi, geólogo del GRC Geociencias Marinas de la Universitat de Barcelona y profesor de investigación del Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats (Icrea). "Nosotros somos como un médico. La Tierra presenta síntomas claros de que algo le está pasando, pero para poder curarla necesitamos estudiar la fisiología del planeta porque, si no, estaríamos intentando curarla sin conocerla bien. Necesitamos conocer cómo era cuando funcionaba bien, y para eso necesitamos remontarnos al pasado".
Y para conocer esa historia del clima en el Ártico (que empezó a cubrirse de hielo hace tres millones de años) los investigadores disponen, entre otras pruebas, de los sedimentos acumulados en el fondo submarino, que ahora pueden visualizar mediante sistemas acústicos (ondas sonoras) que reflejan en pantalla los diversos estratos glaciares e interglaciares, como si fuera una ecografía al fondo del mar.
La topografía submarina, sus surcos y los estratos de sedimentos son como un viejo archivo del clima que ellos ahora quieren desempolvar.
En los ciclos glaciares, el agua del planeta se concentra en los polos (Ártico y Antártida). Pero luego ese hielo que cubre el continente fluye y se mueve formando corrientes de hielo que, apoyadas en el fondo del mar a lo largo de decenas o centenares de kilómetros, arrastra tierra y rocas, como si las manejara un bulldozer que las hace deslizar en cascadas de sedimentos y avalanchas hacia los fondos abisales a 2.000 y 3.000 metros de profundidad.
"En las zonas submarinas intermedias donde los sedimentos son arrastrados, se provocan grandes avalanchas de fangos y rocas. Se dieron fenómenos catastróficos que se han descubierto en época reciente", explica Angelo Camerlenghi. Hace 7.000 años, por ejemplo, una de esas grandes avalanchas se deslizó sobre el mar de Noruega y originó un tsunami gigante con olas de 11 metros de altura que arrasaron las costas de Noruega y Escocia, barrió las islas Shetland y dejó una enorme cicatriz geológica a lo largo de 800 kilómetros con un escarpe de 250 metros en el área de Storegga (Noruega).
Los científicos también tienen otros indicadores del clima pasado, como los que proporcionan los microscópicos fósiles calcáreos que se fueron depositando en el subsuelo marino. Si se analiza la mezcla de magnesio y calcio que se ha ido fijando en la cáscaras de estos microorganismos, se puede determinar la temperatura de las aguas, lo cual también se puede saber si se establece en ellos la relación entre los isótopos de oxígeno 14 y 16 en esas muestras, o por los isótopos del carbono 12 y 13.
Su trabajo, durante la expedición, consistió primero en hacer la topografía de los fondos mediante una sonda multihaz. "Es curioso, pero sabemos muy poco de los fondos de los océanos. Sabemos más de la topografía de Marte que de los fondos marinos", dice Camerlenghi.
Luego, auscultaban esa ecografía a base de depósitos acumulados en los deslizamientos para poder testificar los periodos glaciares e identificar hasta remontarse a un máximo de tres millones de años. Y, finalmente, cuando sabían qué había debajo del barco, se tomaban muestras de los fondos mediante un tubo de 10 metros que penetra en el fondo y saca los fangos que permitirán datar los depósitos y correlacionar los sedimentos en su escala temporal con la situación climática del planeta.
Para extraer las muestras se usa un tubo llamado sacatestigos, que permite obtener un cilindro de sedimentos de 10 centímetros por 10 metros, aunque en este caso la penetración no permite obtener muestras de más de 10.000 o 20.000 años de antigüedad, según explica Roger Urgelés, del departamento de Estratigrafía de la UB. Estos exploradores han podido, además, dejar sus impresiones del viaje en un cuaderno de bitácora en internet, donde han recogido sus experiencias e, incluso, en ocasiones, dan un testimonio a caballo entre el espejismo onírico y la ensoñación lúcida: "Hielos que arañan lo más recóndito de la roca sumergida. Miles de metros de hielo cubriendo un océano inimaginable, habitado por seres que han dejado de existir hace tantos años que atentan contra cualquier razón histórica y cuya única memoria somos ahora nosotros y nuestros prosaicos instrumentos", ha escrito José Abel Flores, del grupo de geociencias oceánicas de la Universidad de Salamanca.
El trabajo de estos científicos es clave para conocer el clima pasado y hacer los modelos predictivos futuros de los cambios climáticos naturales, de forma que, al cotejarse con el calentamiento actual ya observado (con registros instrumentales), se pueda graduar cuál es la desviación climática atribuible al hombre. Saber en qué momento de la historia hacía el mismo calor que ahora, hasta dónde llegaba el nivel del mar o qué extensión ocupaban los glaciares nos ayuda a poder medir mejor la propia aceleración del cambio climático que activa el hombre. "En los próximos 10.000 años, tocaría una nueva glaciación (estamos en un periodo interglacial), pero hay científicos que sostienen que el calentamiento que ocasiona el hombre está retrasando la llegada de la próxima glaciación", explican Camerlenghi y Urgelés.
CUADERNO DEL POLO
"Rutina de turnos y sondas" "Las nubes y el mar se fusionan en un horizonte difuso por la niebla. Aquí todos los días son iguales, lo que te ayuda a perder la noción del tiempo" Jaume Frigola, científico de la UB
"Buenos días en el temporal" "Dar las buenas noches aunque haga una semana que es de día. Dar los buenos días en pleno temporal. Respirar aire puro, y frío, un mes de agosto. Beberse una cervecita a la salud del planeta cerca de las islas con forma de mancha de Gorbachov" Galderic Lastras, científico de la UB
"¿Y yo qué pinto aquí?" "Tengo la sensación de estar dentro de una lavadora, con la excepción de que el agua está fuera y no dentro. Mi misión es aprender qué se hace en una expedición de geología marina y transmitirlo a mis alumnos"
Catalina Sureda, profesora de IES "Testigos de otros tiempos" "A través de los foraminíferos (microfósiles) sabremos cuándo el Trópico, con su potente músculo y sus largas arterias oceánicas, abastecía de calor y vida al Ártico y cuándo, obstruidas por los años de trabajo incansable, dejaron un paisaje azul gélido al norte del Círculo Polar" Francisco J. Sierro, del grupo de Geociencias Oceánicas de la Universidad de Salamanca
Enlace al reportaje (Sólo disponible para suscriptores de La Vanguardia)
Valora la utilitat d'aquesta notícia per a la teva tasca educativa